En 1774, el aristócrata y mercenario de origen húngaro Maurice Benyovszky convenció a la corte de Luis XV para financiar una misión colonizadora en Madagascar. Provisto de miles de libras del tesoro real y suministros navales, desembarcó en la bahía de Antongil con órdenes estrictas de levantar un puesto comercial estratégico, pero de inmediato orquestó una de las estafas financieras y territoriales más descaradas del siglo XVIII. Aprovechó una antigua profecía local para convencer a varias tribus de que él era el nieto reencarnado de una antigua reina autóctona, mientras enviaba cartas delirantes a París asegurando que había fundado una monumental capital europea llamada 'Louisbourg', dotada de fortalezas de piedra, avenidas adoquinadas y hospitales.
La realidad era un montaje absoluto sostenido con tinta y descaro. Benyovszky se hizo coronar solemnemente como Ampansacabe (emperador supremo de la isla) y falsificó tratados comerciales y libros de cuentas para drenar fondos astronómicos del Estado francés. Mientras el dinero de la monarquía se esfumaba en sus propios bolsillos y en sobornos, la flamante metrópolis que describía en sus informes oficiales no pasaba de ser un puñado de chozas de caña cercadas por un lodazal pestilente azotado por la malaria. En 1776, alarmados porque los barcos que regresaban traían facturas exorbitantes pero ni un solo grano de especias o cargamento de metales preciosos, dos comisarios reales franceses, Bellecombe y Chevreau, fueron enviados a África a auditar la maravilla colonial.
Al desembarcar, la comisión fiscal descubrió la farsa: no había carreteras, ni fortificaciones, ni súbditos leales; Benyovszky se había inventado una civilización entera sobre el papel para saquear las arcas de la Corona. Destituido de urgencia, el estafador huyó a Europa y luego a los nacientes Estados Unidos, donde intentó vender su supuesto imperio malgache a comerciantes privados e incluso a Benjamin Franklin. Con el dinero de inversores crédulos de Baltimore armó una expedición pirata para reconquistar 'su trono' en 1784, pero su imperio de papel terminó en 1786, cuando una partida de infantería de marina francesa lo abatió de un tiro en el pecho en la misma playa donde había tejido su gran mentira.
"Benyovszky casi logró que los fundadores de Estados Unidos financiaran su imperio imaginario usando cartas de recomendación firmadas por el mismísimo Benjamin Franklin."