En mayo de 1988, en plena agonía de la Polonia comunista, los obreros municipales de Środa Śląska demolían un viejo edificio en la calle Daszyńskiego sin sospechar la catástrofe arqueológica que estaban desatando. Una pala mecánica destrozó un sótano sellado del siglo XIV, pero los trabajadores, apresurados por cumplir las cuotas estatales, no se detuvieron a revisar: cargaron toneladas de cascote en camiones y las arrojaron directamente al basurero del pueblo. Nadie imaginó que entre los ladrillos rotos viajaba el tesoro dinástico más fastuoso de la Europa medieval.
El secreto explotó cuando los niños locales empezaron a intercambiar extrañas monedas brillantes en la escuela a cambio de chicles y golosinas. En pocas horas, el vertedero municipal se convirtió en un hormiguero clandestino de vecinos que escarbaban los detritos con palas de jardín: desenterraron anillos de zafiro, colgantes con perlas y fragmentos de oro puro. Un recolector local incluso rescató partes de una corona imperial gótica con águilas esmaltadas que perteneció a Blanca de Valois, consorte del emperador Carlos IV, empeñada en secreto seis siglos atrás para financiar una guerra.
Cuando la noticia llegó a Varsovia, el pánico sacudió al régimen. La Milicia Ciudadana y la policía secreta lanzaron de urgencia la Operación Corona, acordonando el basurero con tropas y allanando casa por casa todo el condado. Ante la amenaza de penas de prisión draconianas y la promesa de una recompensa del diez por ciento, los vecinos devolvieron el botín en bolsas de plástico; se recuperaron casi 8.000 monedas de plata, cientos de florines de oro y la corona nupcial, salvando el hallazgo más valioso del bloque soviético de pudrirse bajo los desechos.
"Gran parte de las gemas preciosas jamás se recuperaron porque los niños las habían utilizado como canicas en los patios escolares y terminaron rodando por las alcantarillas antes de las redadas policiales."