Corría el año 1550 en el sur de Italia, por entonces bajo dominación de la Corona de Aragón en Europa Occidental. Mientras los eruditos del Renacimiento debatían sobre textos clásicos, un lugareño anónimo que exploraba las colinas rocosas de Altamura se topó por accidente con una oquedad oculta: una sima vertical que descendía a las entrañas de la tierra. Al asomarse con una antorcha, descubrió un paisaje subterráneo alucinante cubierto por formaciones calcáreas totalmente vírgenes.
Avanzando por los túneles oscuros, el explorador llegó a una cámara repleta de huesos de animales extintos. Pero el verdadero terror y asombro llegó al enfocar la luz hacia una pared: un esqueleto humano completo estaba literalmente fundido con la roca, atrapado para siempre dentro de una armadura natural de estalagmitas brillantes que lo habían recubierto lentamente durante milenios, dándole una apariencia espectral.
Aunque el hallazgo sacudió a los locales en el siglo XVI, la ciencia de la época carecía por completo de las herramientas para comprenderlo y el secreto quedó sepultado bajo mitos de monstruos subterráneos. No fue hasta 1993 que unos espeleólogos redescubrieron la misma cámara, bautizada como el 'Hombre de Altamura', revelando que se trataba de un neandertal que cayó en un pozo natural y murió de hambre, convirtiéndose sin saberlo en el fósil humano más completo de su especie jamás encontrado.
El esqueleto no pudo ser extraído de la roca porque romper la formación calcárea habría destruido el ADN fósil más antiguo y mejor conservado de la prehistoria europea.
"Las formaciones de calcita crecieron tanto sobre su cráneo que hoy parecen un casco alienígena o un arrecife de coral incrustado en su propio hueso."