Era el año 1983 y el mundo estaba al borde del colapso por la tensión entre la URSS y Estados Unidos, cuando la tripulación del transbordador Columbia de la NASA apuntó sus cámaras hacia el desierto noroccidental de África. En medio de la monotonía de las dunas de Mauritania, la lente capturó una gigantesca estructura anular que medía exactamente 40 kilómetros de diámetro, visible únicamente desde el espacio exterior.
Bautizada inmediatamente como la 'Estructura de Richat' o el 'Ojo del Sáhara', una expedición científica internacional se adentró en el territorio controlado militarmente para resolver el enigma. Lo que hallaron desconcertó a todos: no era un cráter de impacto de meteorito ni un volcán extinto, sino una formación de rocas sedimentarias y volcánicas expuestas por la erosión milenaria que guardaba una simetría geométrica imposible de replicar por la mano humana.
El misterio atrajo de inmediato las teorías más salvajes de la Guerra Fría, incluyendo la creencia de que se trataba de las ruinas de la Atlántida descritas por Platón, debido a la descripción de canales concéntricos de agua y tierra. Aunque hoy la ciencia ha confirmado su origen geológico natural, el 'Ojo del Sáhara' sigue siendo un punto de referencia vital para guiar a los astronautas en órbita.
"La estructura es tan inmensamente colosal que los astronautas la utilizan como un punto de referencia visual fijo para orientarse cuando orbitan la Tierra a más de 400 kilómetros de altura."