En el caluroso verano de 1900, durante el sangriento levantamiento de los Bóxers, la emperatriz viuda Cixi ordenó al ejército imperial exterminar el Barrio de las Legaciones de Pekín y aniquilar a todos los diplomáticos occidentales. La misión de ejecutar la masacre recayó sobre el comandante supremo Ronglu, un influyente cortesano que entendió la catástrofe que se avecinaba: asesinar a los enviados provocaría una venganza internacional que borraría a su dinastía del mapa. Acorralado entre la pena de muerte por desobedecer a la corte y el terror a una invasión extranjera, Ronglu decidió montar la batalla fingida más absurda de la historia contemporánea.
Durante cincuenta y cinco días de asedio, el general orquestó un teatro ruidoso para complacer a los espías de la corte sin matar a sus enemigos. Ordenó desplegar la artillería pesada alrededor del recinto diplomático, pero con instrucciones estrictas de apuntar siempre por encima de los muros o disparar proyectiles defectuosos que solo generaran humo y estruendo. Lo más delirante ocurría de madrugada: amparados por la oscuridad, soldados imperiales trepaban las barricadas no con bayonetas, sino empujando carretas cargadas de harina, verduras frescas, hielo y sandías para evitar que los sitiados pasaran hambre mientras fingían bombardearlos.
Los diplomáticos, liderados por el británico Sir Claude MacDonald, vivían en un desconcierto surrealista: de día esquivaban cañonazos deliberadamente desviados y de noche cenaban melones frescos enviados por el enemigo con notas de disculpa. Aunque milicianos bóxers atacaban en otros flancos, la calculada farsa de Ronglu mantuvo vivos a miles de sitiados hasta la llegada del rescate internacional. Tras la guerra, el general no fue juzgado como criminal bélico, sino elogiado secretamente por las potencias occidentales como el astuto salvador que combatió una orden imperial a base de pólvora de fogueo y fruta fresca.
"Junto con una de las carretas nocturnas de sandías y verduras, el general Ronglu envió una nota oficial disculpándose cordialmente con los diplomáticos por 'el exceso de ruido de la artillería durante el día'."