Corría el año 1592 y Japón acababa de invadir Corea, desatando el caos absoluto en la península. En medio del pánico general y la huida de la corte real de Seúl, un oportunista y astuto desertor llamado Kim Ye-seo vio la oportunidad de su vida: infiltrarse en el Palacio Gyeongbokgung para robar el codiciado Sello Real de Jade, el máximo símbolo de legitimidad dinástica.
Para lograrlo, Kim se vistió con los hábitos sagrados de un monje budista y logró burlar los débiles controles de seguridad del palacio saqueado. Con nervios de acero, localizó el archivo custodiado y se apoderó de las reliquias. Sin embargo, su plan de fuga falló estrepitosamente cuando cargó con demasiado peso y fue interceptado por una patrulla de leales al rey que regresaban a inspeccionar los daños.
Lejos de ser ejecutado en el acto debido a la confusión de la guerra, Kim fue interrogado y su increíble intento de espionaje quedó plasmado con pelos y señales en los archivos oficiales. El sello supremo sobrevivió al hurto, aunque el palacio terminó reducido a cenizas por las tropas invasoras, sellando uno de los episodios de pillaje más desesperados de Asia Oriental.
"Los Anales de la Dinastía Joseon son una de las crónicas continuas más largas y detalladas de una sola dinastía en el mundo, protegidas por la UNESCO."