En la primavera de 1587, los campesinos de Saint-Julien-de-Maurienne, en los Alpes de Saboya, vieron cómo sus codiciados viñedos eran devorados por millones de gorgojos. Desesperados ante la inminente ruina, los habitantes no recurrieron a fumigaciones primitivas ni a trampas, sino a la justicia formal: presentaron una demanda penal contra la plaga ante el tribunal episcopal, exigiendo la excomunión canónica de los insectos por usurpación y destrucción ilegítima de la propiedad privada.
Lejos de rechazar la demanda por absurda, el juez eclesiástico nombró a un respetado procurador local, Pierre Ducorney, para actuar como abogado defensor de oficio de los escarabajos. El litigio se extendió durante ocho meses con un rigor abrumador; el defensor argumentó que Dios había creado a los insectos con el derecho natural de alimentarse de las plantas y que castigarlos por obedecer el mandato divino violaba las leyes del Génesis. Desesperada por destrabar el caso, la comunidad de Saint-Julien ofreció un acuerdo extrajudicial extraordinario: ceder legalmente a los gorgojos una fértil parcela municipal llamada 'La Grand Feisse' para que se mudaran allí y dejaran en paz los viñedos.
El caso llegó a su clímax cuando el abogado de los insectos inspeccionó el terreno cedido y rechazó formalmente la oferta ante el juez, alegando que el suelo era demasiado árido para garantizar la subsistencia de sus clientes. El tribunal convocó a peritos agrónomos juramentados para medir la calidad de las hojas de la parcela en disputa, pero la sentencia final jamás llegó a dictarse: mientras el tribunal deliberaba a finales de 1587, el invierno congeló los campos y los gorgojos desaparecieron por muerte natural, dejando un legajo judicial de cientos de folios sellados que hoy sigue intacto en los archivos de Chambéry.
Durante el proceso judicial de 1587, el pueblo tuvo que pagar religiosamente de las arcas públicas los honorarios profesionales del abogado que defendía a la plaga que los estaba arruinando.
"Durante el proceso judicial de 1587, el pueblo tuvo que pagar religiosamente de las arcas públicas los honorarios profesionales del abogado que defendía a la plaga que los estaba arruinando."