En el gélido invierno de 1643, Timofey Ankudinov, un mediocre recaudador de impuestos en la ciudad rusa de Vologda, ejecutó un crimen tan siniestro como desesperado. Tras saquear sistemáticamente el tesoro aduanero local, atrancó las puertas de su propia casa, prendió fuego a la propiedad con su esposa dentro para fingir su muerte y se evaporó en la noche con una fortuna en rublos y los sellos oficiales del gobierno. La corte dio por cerrado el caso creyendo que el cadáver calcinado entre las cenizas era el suyo, pero Ankudinov acababa de cruzar la frontera de la Mancomunidad Polaco-Lituana con un plan demencial: reinventarse como el legítimo heredero del trono ruso.
Lejos de esconderse, el prófugo adoptó la identidad ficticia del príncipe Iván Shuiski, iniciando una década de espionaje internacional y falsificación documental sin precedentes. Ankudinov vendió secretos de estado inventados a la corte del rey polaco Vladislao IV, ofreció entregar provincias rusas al sultán otomano tras circuncidarse en Estambul, y luego huyó a Roma jurando lealtad al Papa para obtener dinero y asilo católico. La humillación para Moscú fue tan insoportable que el zar Alejo I financió la mayor cacería de espías de Europa del Este en el siglo XVII, despachando asesinos y diplomáticos con órdenes secretas de capturar vivo al impostor en cualquier corte del continente.
El juego del gato y el ratón terminó en 1653, cuando los agentes moscovitas acorralaron al fugitivo en el Ducado de Holstein tras perder la protección de la reina Cristina de Suecia. Extraditado a Moscú cargado de pesadas cadenas de hierro, Ankudinov resistió las torturas más brutales en las mazmorras del Kremlin sin renunciar jamás a su linaje real inventado. En el verano de 1654, ante una multitud atónita en la Plaza Roja, el falso zar fue descuartizado vivo, sepultando con sangre la fuga y estafa política más inverosímil de la historia rusa.
"Para no ser descubierto en Turquía ni en el Vaticano, Ankudinov cambió de religión cuatro veces en siete años, transitando entre la ortodoxia, el islam, el catolicismo y el luteranismo según la conveniencia de su fuga."