En el año 1679, en el actual territorio de Uganda, un médico y viajero francés llamado François Caron presenció un procedimiento quirúrgico que desafiaba toda lógica médica de la época. Una mujer embarazada, con trabajo de parto obstruido y al borde de la muerte, fue sometida a una intervención por un curandero local que dejó atónitos a los testigos europeos, acostumbrados a la insalubridad letal de los hospitales occidentales.
El cirujano africano utilizó una técnica asombrosa para la época: desinfectó el abdomen de la madre y sus propias manos con vino fermentado de plátano y palma, administró una poción herbal para adormecerla y realizó una incisión limpia. Tras extraer al bebé y limpiar la herida, selló el abdomen con pasta de raíces y agujas de hierro caliente para cauterizar los tejidos y evitar la hemorragia masiva.
Para incredulidad absoluta de los europeos, tanto la madre como el recién nacido sanaron por completo en pocos días sin rastro de infección. Este accidente etnomédico pionero documentó con precisión una práctica de asepsia y cirugía abdominal avanzada que Europa tardaría más de un siglo en replicar con éxito en condiciones estériles similares.
"Mientras en el siglo XVII los médicos europeos mataban a la mayoría de sus pacientes por infecciones cruzadas, en África central ya se practicaban cesáreas con tasas de supervivencia asombrosas."