Durante la Guerra Fría en la década de 1950, la carrera científica global rozaba la locura. En Lima, Perú, un grupo de investigadores médicos bienintencionados pero temerarios ideó un experimento nutricional y médico bizarro respaldado por agencias internacionales: evaluar si ciertos minerales podían mejorar drásticamente el desarrollo infantil administrándolos de forma masiva.
Sin embargo, por un error de cálculo imperdonable en la manipulación de isótopos, se introdujo material radiactivo de alta potencia directamente en los suplementos vitamínicos distribuidos en comedores infantiles locales. Los niños comenzaron a ingerir trazas peligrosas de radiación bajo la premisa de que era una medicina revolucionaria y perfectamente segura.
El desastre se descubrió décadas más tarde cuando los archivos secretos salieron a la luz, revelando un experimento que violó toda ética médica moderna. Aunque las secuelas a largo plazo en las víctimas fueron silenciadas por intereses políticos, el caso quedó registrado como uno de los episodios más oscuros y negligentes de la medicina atómica en América Latina.
"Para ocultar el escándalo, los reportes médicos originales fueron catalogados bajo estricto secreto militar durante más de cuarenta años."