Corría el año 1778 en plena Revolución de las Trece Colonias y las tropas británicas del general Sir William Howe arrasaban con todo a su paso por Nueva Jersey. Su objetivo principal no era solo militar, sino capturar a los líderes rebeldes que habían firmado la traición contra la Corona. Entre ellos estaba John Hart, un agricultor de 67 años convertido en vicepresidente del Congreso Provincial y firmante de la Declaración de Independencia, cuya cabeza tenía precio.
Cuando los soldados británicos irrumpieron en su granja de Hopewell, Hart ya se había adentrado en los bosques helados, pero su avanzada edad le impedía marchar al ritmo del ejército continental. Para no ser capturado, tuvo que vivir como un fugitivo salvaje, cambiando constantemente de escondite en cuevas, graneros abandonados y bosques profundos, soportando temperaturas bajo cero sin mantas ni provisiones adecuadas.
La leyenda documentada cuenta que, en su momento más desesperado, Hart encontró refugio temporal viviendo dentro de una cueva subterránea excavada en la roca y en los huecos de enormes árboles caídos, alimentándose de lo que encontraba. Aunque sobrevivió para ver la retirada británica, las duras condiciones destruyeron su salud, causando su muerte poco después, convirtiéndolo en un mártir involuntario de su propia fuga.
"Para evitar ser reconocido mientras huía, este padre de trece hijos tuvo que disfrazarse y dejar atrás todas sus tierras, que fueron sistemáticamente saqueadas y destruidas por las tropas británicas."