Durante la primavera de 1911, un granjero y buscador de oro llamado Joe Landry exploraba los densos y apartados bosques de la isla de Oak Island, en Nueva Escocia, cuando su pala chocó contra un objeto metálico inusual. Al desenterrarlo con cuidado, descubrió una espada corta de estilo gladius romano, junto con fragmentos de un casco metálico y monedas oxidadas que parecían sacadas directamente de las legiones del Imperio romano del siglo II d.C., miles de kilómetros lejos del Mediterráneo.
El hallazgo causó un revuelo inmediato entre los historiadores locales y los ingenieros que trabajaban en la zona, ya que el artefacto presentaba la aleación de bronce y zinc característica de las fundiciones romanas genuinas, descartando una broma moderna o una falsificación de la época. Lo más desconcertante fue que la espada apareció a metros de la infame 'Money Pit', una estructura subterránea artificial de origen desconocido, lo que desató una intensa fiebre arqueológica internacional por demostrar si los romanos habían cruzado el Atlántico mil años antes que los vikingos.
A pesar de los análisis metalúrgicos que confirmaron la autenticidad antigua de la pieza, el misterio se tornó aún más oscuro cuando el rastro físico de la espada se desvaneció misteriosamente en las décadas siguientes tras pasar por colecciones privadas. Hoy en día, los registros oficiales y las actas del museo local son la única prueba documental de este imposible encuentro transatlántico que la historia oficial sigue intentando explicar.
"Algunos historiadores sugieren que la espada pudo pertenecer a marinero cartaginés o romano arrastrado por una tormenta, cuyos restos materiales terminaron mezclándose con los mitos de Oak Island."