Corre el año 1655 en Santiago de Chile. El Imperio Español mantiene encerrado en una mazmorra húmeda a Heinrich von Nedermayer (conocido localmente como Franco Nedermayer), un ingeniero alemán acusado de espionaje y de conspirar con los indígenas mapuches. Condenado a la horca sin esperanza de indulto, Nedermayer convence a sus carceleros de que posee una habilidad divina: puede construir un artefacto para volar y escapar al cielo antes de su ejecución.
Lejos de ser un delirio místico, Nedermayer era un genio de la mecánica. Usando sábanas de hilo, juncos de los pantanos y la cera de las velas de su celda, pasó meses tejiendo en secreto un armazón aerodinámico. La noche antes de su ejecución, aprovechando una fuerte tormenta andina, trepó a la muralla más alta de la prisión con su estructura casera, un prototipo primitivo de ala delta, y se lanzó al vacío ante la atónita mirada de la guardia.
El milagro técnico duró pocos segundos: la densa niebla y el viento cruzado hicieron que el ingenio colapsara, provocando que el espía alemán se estrellara contra los tejados de la ciudad colonial. Aunque sobrevivió al impacto inicial con múltiples fracturas, fue recapturado de inmediato y ejecutado en la horca al amanecer, sellando una de las fugas más alucinantes y adelantadas a su tiempo en la historia de América Latina.
"Los jueces coloniales registraron el invento en el proceso judicial como una 'diablura mecánica de la aeronáutica' debido a lo imposible que les parecía que un hombre intentara volar en pleno siglo XVII."