Europa Occidental vivía obsesionada con la anatomía en el siglo XVII, y el eminente médico francés Jean-Denis Denys decidió llevar los límites de la ciencia demasiado lejos. Convencido de que las pasiones humanas residían en la sangre y que los animales eran seres más puros, diseñó un experimento radical para purificar el alma humana mediante fluidos bestiales.
El 19 de diciembre de 1667, Denys conectó la arteria de un cordero directamente a las venas de Antoine Mauroy, un joven desequilibrado mental. Contra todo pronóstico biológico, el paciente sobrevivió a las primeras sesiones experimentando fiebre extrema y orina negra como el carbón, lo que el médico interpretó erróneamente como la expulsión exitosa de impurezas mentales.
La farsa colapsó trágicamente cuando la esposa de Mauroy, sospechando un asesinato en curso, le administró dosis secretas de arsénico hasta matarlo, culpando al médico y desatando un escándalo judicial. Este bizarro accidente médico obligó al Parlamento de París a prohibir formalmente las transfusiones sanguíneas en toda Francia por más de un siglo.
"Ironías de la ciencia: Jean-Denis Denys realizaba sus experimentos usando sangre de cordero porque creía que estos animales eran los más pacíficos de la creación, ignorando por completo la incompatibilidad biológica letal entre especies."