En el sofocante verano de 1798, una letal epidemia de fiebre amarilla convirtió a Filadelfia en un desierto mortuorio. Aprovechando el éxodo masivo, la noche del 1 de septiembre alguien logró lo impensable: saqueó 162.821 dólares de las bóvedas del Banco de Pensilvania, instalado en el histórico Carpenters' Hall. Las cerraduras más sofisticadas de la joven república no tenían un solo rasguño, las rejas de hierro estaban intactas y las autoridades, desesperadas por encontrar un culpable, encarcelaron de inmediato al maestro cerrajero que las había diseñado, Patrick Lyon, acusándolo sin pruebas de duplicar las llaves maestro.
Mientras el inocente artesano agonizaba en una celda infectada de la prisión de Walnut Street, el verdadero cerebro del golpe, un carpintero local llamado Isaac Davis, cometió una de las torpezas criminales más absurdas de los anales judiciales. Davis se había colado con una llave falsa junto a un cómplice que murió a los pocos días víctima de la peste. Con sacos repletos de oro y billetes en su sótano, empezó a depositar el dinero robado en el mismísimo banco del que lo había sustraído, convencido de que nadie revisaría la numeración de los billetes.
El presidente de la entidad bancaria, atónito al ver a un carpintero humilde ingresar fajos con los números de serie exactos de la reserva saqueada, ordenó su arresto inmediato antes de que saliera del vestíbulo. Acorralado, Davis confesó el atraco y devolvió casi todo el botín a cambio de un indulto total por parte del gobernador Thomas Mifflin. Lyon, liberado tras meses de calvario, demandó a los directores del banco por difamación y persecución maliciosa, ganando una indemnización récord de 9.000 dólares con la que construyó la mejor fundición de Pensilvania.
El cerrajero inocente se cobró su venganza artística encargando al pintor John Neagle un célebre retrato donde aparece orgulloso ante su yunque, mientras la prisión de Walnut Street se pudre al fondo.
"Para no ir a la horca, el ladrón Isaac Davis devolvió la fortuna y recibió el perdón estatal, mientras que el herrero inocente casi muere de peste por el simple hecho de haber construido una cerradura demasiado perfecta."