Año 1520. África oriental vive una tensión geopolítica invisible cuando una embajada del reino de Portugal cruza el mar Rojo para establecer una alianza secreta con el legendario Imperio etíope. Entre los enviados viaja el padre Francisco Álvarez, un clérigo con una misión dual: además de la diplomacia, la corona lusa le exige cartografiar el territorio y arrancar el secreto mejor guardado del continente: la ubicación exacta de las fuentes del río Nilo.
El espionaje se vuelve un delirio cuando Álvarez intenta infiltrarse en regiones sagradas y prohibidas para los extranjeros, utilizando coartadas religiosas absurdas y sobornos a funcionarios locales. Sin embargo, su pésimo dominio de los dialectos locales y su insistencia en medir y dibujar cada metro del terreno despiertan las peores sospechas de la corte de Etiopía. El monje es descubierto intentando hurtar mapas topográficos imperiales, provocando una crisis diplomática mayúscula que por poco termina con su ejecución pública por alta traición.
A pesar de fallar estrepitosamente en su misión de espionaje industrial, Álvarez logra salvar el pellejo y regresa a Europa con sus escritos, publicando en 1540 la primera descripción detallada de Etiopía para el mundo occidental. Su frustrado robo de secretos cartográficos no hizo más que avivar la obsesión europea por el Nilo, iniciando una cacería geográfica que duraría más de tres siglos.
"Para evitar ser ejecutado por espionaje, el monje Álvarez tuvo que fingir durante meses que sufría una amnesia temporal causada por la maldición de un demonio africano."