Corría el año 1870 en el poderoso Reino de Dahomey (actual Benín), cuando el rey Glele se vio envuelto en una crisis financiera brutal tras una serie de costosas campañas militares. Desesperado por llenar las arcas reales, su consejo ideó una de las normativas fiscales más extrañas de la historia colonial y precolonial: el impuesto por cada techo de paja o barro que existiera en una propiedad privada, diseñado para castigar el crecimiento urbano.
La reacción de la población superó cualquier cálculo burocrático. En lugar de pagar la tasa impuesta por la corona, los ciudadanos tomaron una medida drástica y desconcertante: comenzaron a arrancar los techos de sus propias casas y a vivir a la intemperie, durmiendo bajo lonas improvisadas o directamente bajo las estrellas para burlar a los inspectores reales que recorrían las aldeas armados con varas de medir.
El colapso económico fue inmediato. Las ciudades de Dahomey quedaron reducidas a un paisaje fantasmal de paredes sin cubiertas, la salud pública se desplomó debido a las lluvias y el propio rey Glele tuvo que derogar el decreto de emergencia pocas semanas después al constatar que recaudaba menos que antes y que su pueblo estaba huyendo masivamente hacia los reinos vecinos.
"Para evitar el castigo, algunos aldeanos construyeron techos móviles de hojas secas que escondían bajo tierra cada vez que los cobradores de impuestos se acercaban."