En el otoño de 1915, en plena escasez de pertrechos en las trincheras europeas, el gobierno británico recibió un telegrama providencial desde Pekín. Sir Edmund Backhouse, un excéntrico baronet y erudito que afirmaba ser consejero íntimo del presidente chino Yuan Shikai, aseguró haber cerrado un pacto clandestino fabuloso: adquirir en secreto medio millón de fusiles Mauser y cientos de cañones Krupp guardados en los arsenales de los señores de la guerra. Londres, desesperada por abastecer el frente bélico, nombró a Backhouse agente confidencial y autorizó giros inmediatos de miles de libras esterlinas desde sus fondos reservados.
Para sostener la farsa, el aristócrata desplegó un monumental aparato de falsificación con contratos apócrifos y sellos de gobernadores provinciales tallados a mano. Mientras el Almirantazgo británico fletaba convoyes navales de alto secreto rumbo a Tianjin para cargar el cargamento, el estafador improvisó retrasos demenciales sobre la marcha: denunció sabotajes de espías alemanes imaginarios, convoyes de trenes supuestamente descarrilados por bandidos y la súbita necesidad de pagar cobornos millonarios a generales que nadie en la embajada lograba localizar. Toda la logística imperial se movilizó para transportar un botín que solo existía en su pluma.
El descomunal engaño se derrumbó seis meses después, cuando diplomáticos británicos exhaustos se saltaron a Backhouse y consultaron formalmente al ministerio chino, descubriendo que jamás se había pactado ninguna venta. Para entonces, el embaucador ya se había embolsado una colosal fortuna del erario británico mientras fingía una crisis de amnesia en su residencia oriental. Aterrado por el ridículo internacional que supondría admitir que el Servicio Secreto de Su Majestad fue estafado por un solo hombre, el gobierno de Londres decidió sepultar el expediente bajo llave, dejándolo impune hasta el fin de sus días.
"Años después de engañar al ejército británico, Backhouse volvió a estafar a la prestigiosa Biblioteca Bodleian de Oxford vendiéndole miles de 'manuscritos milenarios' que él mismo falsificaba durante las noches."