En el corazón del Palacio de Topkapi, a finales del siglo XVI, David Passi parecía el cortesano ideal: un erudito comerciante converso que dominaba seis idiomas y se había ganado la confianza ciega del temible Gran Visir Koca Sinan Pasha. Sin embargo, bajo sus túnicas de seda oriental, Passi lideraba la red de inteligencia más audaz y peligrosa del Mediterráneo: operaba como un espía cuádruple simultáneo. Cobraba fortunas de Felipe II de España revelando los movimientos de la armada turca, vendía informes a la República de Venecia y asesoraba en secreto a la embajada de Isabel I de Inglaterra para frustrar los avances católicos.
El castillo de naipes se derrumbó en el verano de 1591, cuando agentes leales al visir interceptaron un paquete de cartas cifradas dirigidas al virrey español de Nápoles. Los informes demostraron que Passi no solo filtraba secretos de Estado, sino que planeaba sabotear los depósitos de pólvora del arsenal otomano. La furia en la corte fue inmediata: Passi fue arrojado a las mazmorras de las Siete Torres (Yedi Kule) y condenado a morir empalado vivo en el Hipódromo de Constantinopla. Mientras los verdugos afilaban el poste de madera ante una multitud sedienta de sangre, una desesperada conspiración diplomática se activó contra el reloj.
El embajador inglés Edward Barton y la influyente sultana Safiye —madre del heredero y sobornada con un cofre de joyas clandestino— irrumpieron ante el sultán Murad III minutos antes de la ejecución. Convencieron al monarca de que descuartizar a Passi en público expondría debilidades humillantes del propio palacio, logrando un indulto in extremis cuando el reo ya estaba atado sobre el cadalso. En lugar de una agonía atravesado por madera, fue desterrado a la fortaleza de Rodas, donde los cronistas venecianos descubrieron con asombro que, pocos años después, el hombre que engañó a medio planeta ya asesoraba a los caballeros de Malta.
Para evitar delatarse con papeles, Passi clasificaba a qué corona pertenecía cada secreto mediante un código de hilos de colores cosidos en el forro interior de su turbante.
"Para no delatarse con papeles, Passi clasificaba a qué corona pertenecía cada secreto mediante hilos de colores cosidos en el forro de su turbante."