Hacia 1420, en pleno otoño medieval, el Valle de México ardía bajo la tiranía de Tezozómoc, señor de Azcapotzalco. Tras emboscar y degollar al rey de Texcoco frente a los ojos de su hijo de dieciséis años, Nezahualcóyotl, el tirano puso precio a la cabeza del joven heredero: tierras perpetuas y títulos nobiliarios para quien lo entregara vivo o muerto. Nezahualcóyotl se convirtió en el fugitivo más rastreado de Mesoamérica, viviendo durante meses en copas de árboles y cuevas volcánicas mientras redes enteras de cazadores de recompensas peinaban los valles.
La suerte terminó en el señorío de Chalco. Reconocido por espías tepanecas, el príncipe fue capturado y encerrado en una estrecha jaula de maderas pesadas custodiada noche y día. Tezozómoc ordenó que no fuera ejecutado de inmediato: quería presenciar su agonía pública tras la fiesta del solsticio. Sin embargo, un antiguo tutor y leal sirviente llamado Quetzalmacatzin logró infiltrarse entre los guardias ofreciéndoles cántaros de pulque fuertemente fermentado. Al caer la medianoche, ante los carceleros ebrios, el sirviente forzó la reja pero no escapó con él: obligó al príncipe a cambiar ropas y se encerró voluntariamente en la jaula en su lugar.
Al despuntar el alba, los capitanes tepanecas llegaron al cadalso para sacar al futuro rey de Texcoco y encontraron al sirviente imperturbable, quien les sonrió diciendo que su señor ya cruzaba las cumbres de Tlaxcala. Quetzalmacatzin fue ejecutado en el acto con brutalidad por la burla cometida, pero su sacrificio compró el tiempo exacto. Nezahualcóyotl no solo logró cruzar la cordillera a pie en una travesía imposible, sino que años más tarde formó la Triple Alianza, aplastó a Azcapotzalco y se convirtió en el gobernante más brillante de América precolombina.
Para honrar al hombre que murió en su jaula, Nezahualcóyotl prohibió por ley que ningún noble de Texcoco pudiera castigar con la muerte a un vasallo por insubordinación si demostraba haber actuado por devoción a su linaje.
"Años después, Nezahualcóyotl mandó erigir estatuas de piedra de los campesinos y sirvientes que lo ocultaron durante su fuga, tratándolos con mayores honores funerarios que a los propios reyes aztecas."