Hacia finales del siglo I a.C., los habitantes de las Islas Baleares vivieron un auténtico colapso ecológico que la diplomacia imperial jamás había presenciado. Un puñado de parejas de conejos traídos desde la península ibérica encontró en las islas un paraíso sin depredadores naturales, desatando una explosión demográfica tan violenta que la tierra quedó arrasada en cuestión de meses. La voracidad de estos animales no respetó cosechas, raíces de olivos ni huertos, transformando paisajes fértiles en eriales estériles y sumiendo a la población nativa en una hambruna desesperada.
El problema no era solo el hambre: la arquitectura insular comenzó a venirse abajo. Al excavar laberintos kilométricos de galerías subterráneas, las madrigueras debilitaron los cimientos de muros y viviendas, provocando derrumbes repentinos que sembraron el pánico entre los isleños. Incapaces de contener la marea subterránea con trampas comunes o jaurías de perros, los baleares tomaron una decisión insólita: enviaron una embajada diplomática a Roma para presentarse ante el emperador Augusto con una petición de emergencia. No imploraban trigo ni exenciones de impuestos; suplicaban que las legiones de Roma intervinieran militarmente o que el Imperio les concediera una nueva tierra donde evacuar a toda la población.
El emperador no envió una legión convencional para batallar con espadas contra roedores, sino un contingente militar dotado con una sofisticada arma biológica. Los ingenieros y soldados romanos desplegaron cuadrillas armadas con hurones salvajes importados del norte de África, animales a los que colocaban bozales antes de introducirlos en las madrigueras para expulsar a millones de conejos hacia redes tendidas en la superficie. Gracias a esta táctica implacable, Roma exterminó el exceso de roedores, salvó el archipiélago y firmó una de las victorias militares más bizarras de la Antigüedad clásica.
"La plaga fue tan traumática para Roma que el propio término romano para referirse a la península, 'Hispania', se popularizó a partir de una raíz fenicia que significaba literalmente 'tierra abundante en conejos'."