A principios de 1913, en pleno colapso de la dinastía Qing en China, un aventurero checo llamado Vladislav Wagener protagonizó una de las operaciones de espionaje y suplantación más audaces de Asia Oriental. Aprovechando el caos geopolítico en Mongolia exterior, Wagener se autoproclamó el 'Príncipe Erdeni', un supuesto enviado de la realeza budista con derechos soberanos sobre vastos territorios mineros y comerciales en la frontera ruso-mongola.
Con un séquito falso, sellos imperiales tallados en patatas y una labia impecable, el falso noble cruzó la frontera rusa hasta Chitá y Vladivostok. Logró embaucar a diplomáticos zaristas y directores de banca, obteniendo préstamos colosales y mapas militares secretos bajo la promesa de concesiones territoriales exclusivas. Su plan era financiar un ejército privado y reclamar un trono soberano en el corazón de Asia, operando bajo las narices de los servicios de inteligencia rusos.
El castillo de naipes se derrumbó en octubre de 1913 cuando un verdadero diplomático mongol visitó San Petersburgo y desconoció por completo al 'Príncipe Erdeni'. La policía secreta rusa detuvo a Wagener justo cuando estaba a punto de abordar un tren expreso hacia Harbin con baúles llenos de oro robado, poniendo fin a uno de los fraudes geopolíticos más extravagantes del siglo XX.
"Durante su juicio en Rusia, Wagener intentó sobornar al juez principal ofreciéndole el puesto de ministro de hacienda de su futuro reino mongol."