En julio de 1348, la Peste Negra convirtió la ciudad papal de Aviñón en un cementerio sin tumbas; morían cuatrocientas personas por día y el río Ródano estaba tan saturado de cadáveres flotantes que el papa Clemente VI tuvo que consagrar sus aguas para que sirvieran de fosa colectiva bendita. Con la mitad de la corte pontificia pudriéndose en sus lechos, el médico personal del papa, **Guy de Chauliac**, diseñó una terapia de contención desesperada. Basado en la teoría médica medieval de que la plaga viajaba en miasmas invisibles impulsados por la conjunción de Saturno, Júpiter y Marte, Chauliac sometió al pontífice a un **ensayo médico ambiental que bordeaba la tortura** por asfixia.
El médico ordenó sellar una cámara de piedra en el Palacio de los Papas y mandó encender **dos gigantescas hogueras permanentes a escasos pasos del trono**. Durante semanas, en pleno y aplastante verano francés, Clemente VI fue obligado a permanecer sentado día y noche emparedado entre dos muros de fuego crepitante. El calor dentro del recinto era tan despiadado que las velas de cera sólida se licuaban sobre las mesas y el pontífice empapaba varias mudas de terciopelo por jornada, mientras el humo negro irritaba sus ojos y los criados que arrojaban leña al fuego morían de peste a las pocas horas de abandonar la habitación.
Contra todos los pronósticos, el pontífice jamás enfermó y sobrevivió indemne al peor brote epidémico de la historia humana. La extravagante terapia triunfó, pero por un motivo que Chauliac jamás imaginó: el fuego no purificó ningún aire astrológico, sino que generó una **barrera térmica artificial superior a los 40 °C**, un umbral inhabitable para la pulga *Xenopsylla cheopis*, vector de la bacteria *Yersinia pestis*. Las pulgas morían por desecación o huían del espeso humo cargado de alquitrán vegetal, convirtiendo aquel horno papal en **el primer repelente vectorial térmico documentado por la medicina occidental**.
"Mientras mantenía al papa entre las llamas, el propio Guy de Chauliac se contagió de peste y sobrevivió tras abrirse y cauterizarse sus propios bubones con un hierro al rojo vivo."