En el otoño del año 279 d.C., en el condado de Ji (actual provincia de Henan), un ladrón de poca monta llamado Bu Zhun cavó durante noches enteras un túnel clandestino hasta penetrar en una colosal tumba real que llevaba más de seiscientos años completamente sellada. Buscaba frenéticamente lingotes de oro, jade y espadas enjoyadas de la realeza del antiguo estado de Wei. Sin embargo, al descender a la cámara funeraria en absoluta negrura, se topó con una marea interminable de miles de tablillas de bambú atadas con cuerdas de seda podrida que le impedían avanzar hacia el sarcófago principal.
Desesperado por ver el botín y sin antorchas de repuesto, Bu Zhun cometió uno de los actos más insólitos de la historia antigua: comenzó a prender fuego a las tablillas milenarias para usarlas como teas improvisadas mientras revolvía las joyas entre cenizas ardientes. El resplandor del fuego y las columnas de humo que escapaban por el pozo de excavación alertaron a los campesinos y a la guardia imperial del emperador Wu de Jin. Las tropas rodearon el montículo, capturaron al criminal con las manos manchadas de hollín y descubrieron atónitas que el suelo de la tumba estaba alfombrado de literatura perdida irreemplazable.
El saqueo accidental obligó a la corte imperial a movilizar decenas de carretas para rescatar los restos calcinados de lo que resultó ser una biblioteca entera sepultada en el 296 a.C. Los eruditos tardaron años en descifrar los textos chamuscados, recuperando joyas literarias como los Anales de Bambú, una crónica histórica prohibida que desmentía la propaganda dinástica oficial de Confucio y demostraba que los venerados reyes sabios de la antigüedad jamás habían cedido el trono por virtud, sino mediante sangrientos golpes de Estado.
Entre los restos carbonizados por el ladrón se recuperaron más de setenta y cinco rollos intactos que cambiaron para siempre la cronología aceptada de la civilización asiática.
"El texto recuperado de la tumba de Ji reveló que el mítico emperador Shun no murió en paz como aseguraba la doctrina moralista, sino que usurpó el trono, encarceló a su predecesor y murió desterrado en la selva."