En el año 1324, Mansa Musa, el hombre más rico de la historia y emperador del Imperio de Mali en África Occidental, emprendió una lujosa peregrinación hacia La Meca. Su caravana estaba compuesta por más de 60,000 hombres, incluidos heraldos con bastones de oro puro y 80 camellos cargados con toneladas del preciado metal. Su generosidad era legendaria, pero al pisar El Cairo, su desmesurada caridad se convirtió en una catástrofe económica sin precedentes.
Durante su estancia de tres meses en Egipto, Mansa Musa repartió tanto oro sin medir las consecuencias que saturó por completo el mercado local. El valor del metal amarillo se desplomó de manera drástica y los precios de los alimentos y bienes básicos se dispararon por las nubes. El sistema financiero de El Cairo colapsó por completo y la región tardó más de una década en recuperarse de aquel tsunami monetario africano.
Para enmendar el desastre que había provocado sin mala intención, el emperador tomó prestado todo el oro posible a tasas de interés altísimas de los mercaderes locales antes de emprender su viaje de regreso a Mali. Esta maniobra improvisada convirtió a Mansa Musa en el único hombre capaz de controlar el mercado global del oro del siglo XIV, demostrando el enorme poder financiero del continente africano en la Edad Media.
"Mansa Musa gastó tanto oro en su ruta que los mapas europeos posteriores comenzaron a dibujarlo sosteniendo una enorme pepita de oro, inmortalizándolo como el monarca más rico del planeta."