En el otoño de 1709, en el pueblo de Resina a los pies del Vesubio, un campesino llamado Ambrogio Nocerino, apodado il Cecato, necesitaba agua para regar sus hortalizas. Comenzó a perforar un pozo vertical en su modesto patio trasero, atravesando capas de ceniza petrificada con pico y pala. Sin embargo, al alcanzar casi veinte metros de profundidad, la herramienta no golpeó un manto freático, sino que rebotó con un estruendo metálico contra losas de mármol policromado. Sin entender qué yacía bajo su casa, Nocerino empezó a extraer bloques de alabastro y mármol amarillo antiguo para venderlos clandestinamente a talleres locales por unos pocos centavos.
El rumor sobre los lujosos mármoles que brotaban de un hoyo campesino llegó a oídos de Emmanuel-Maurice de Lorena, príncipe de Elbeuf, un aristócrata francés que construía una villa en la costa napolitana. D'Elbeuf compró el terreno por una miseria y contrató cuadrillas de mineros para descender por el estrecho conducto. En la oscuridad asfixiante, abriendo túneles horizontales iluminados por antorchas, los obreros se toparon con una escena irreal: habían perforado directamente el escenario del colosal teatro romano de Herculano, congelado bajo veinte metros de roca volcánica desde el año 79 d.C. Los picos no extraían piedras ordinarias; estaban quebrando cornisas intactas y arrancando estatuas de dos mil años de antigüedad.
Durante meses, el príncipe saqueó el yacimiento en absoluto secreto, desenterrando obras maestras como las tres estatuas colosales de las 'Mujeres de Herculano', las cuales contrabandeó a Viena ocultas en carromatos como regalo para el príncipe Eugenio de Saboya. Aunque las autoridades virreinales frenaron el pillaje en 1711 por temor a que el pueblo colapsara sobre los túneles vacíos, el modesto pozo de Nocerino cambió la historia: tres décadas más tarde inspiró las excavaciones reales de 1738 y fundó las bases de la arqueología moderna, devolviendo a la luz las ciudades sepultadas por el Vesubio.
"Durante casi tres décadas, los exploradores que bajaban a inspeccionar las ruinas subterráneas del teatro romano debían hacerlo atados a una soga por el mismo pozo doméstico de Nocerino."