En la primavera de 1837, dos campesinos de Valaquia llamados Ion Lemnaru y Stan Avram extraían piedra en las colinas de Pietroasele cuando su pico chocó contra un muro falso. Al retirar los cascotes, quedaron cegados: habían desenterrado por accidente más de cuarenta kilos de oro puro y gemas pertenecientes a la corte del caudillo visigodo Atanarico, intactas desde el siglo IV. Aterrorizados por la legislación feudal que castigaba a quien ocultara bienes de la corona, los campesinos envolvieron las águilas de oro, cálices y coronas ceremoniales en trapos sucios y mantuvieron el tesoro oculto bajo un montón de estiércol durante más de un año.
El secreto se pudrió en 1838, cuando vendieron el lote completo por una miseria al comerciante albanés Anastase Verussi. Convencido de que el diseño imperial levantaría sospechas inmediatas si intentaba revenderlo, Verussi perpetró una masacre patrimonial: agarró un hacha de carnicero y destrozó a golpes las vasijas y brazaletes góticos sobre una losa para reducirlos a pedazos irreconocibles que cupieran en sacos. Además, creyendo que las gemas incrustadas eran cristales vulgares que añadían peso muerto, ordenó a sus peones arrancar a cuchillo cientos de esmeraldas y zafiros para tirarlos a la basura.
El expolio fue descubierto gracias a un carretero insatisfecho con su propina, quien denunció el tráfico ante el mismísimo ministro de Asuntos Internos, Mihalache Ghica. Las tropas imperiales sitiaron la aldea y recuperaron doce de las veintidós reliquias enterradas entre letrinas y establos, la mayoría aplastadas a machetazos o mutiladas para siempre. Pese a la carnicería, las piezas supervivientes —hoy conservadas en Bucarest— se convirtieron en el mayor hallazgo de orfebrería bárbara jamás registrado en suelo europeo.
"Entre los restos desfigurados por el hacha de Verussi sobrevivió un torque con runas escandinavas arcaicas ('Gutaniowi hailag'), considerado por la lingüística moderna el texto gótico pagano más antiguo del mundo."