Corre el año 1645 y el Imperio Otomano vive un momento de tensa paz hasta que una flota de galeones de los Caballeros de Malta ataca un convoy de peregrinos que viaja a La Meca. El botín incluye tesoros y, de forma casi anecdótica, una enorme carga de exquisitos melones destinados al palacio del propio Sultán Ibrahim I. Tras el asalto, los piratas malteses tienen la desfachatez de atracar y refugiarse en el puerto de Canea, en la isla de Creta, que entonces pertenece a la República de Venecia.
Al enterarse del ultraje a sus frutas y a los peregrinos, el sultán entra en una cólera psicótica tan extrema que ordena una movilización militar masiva. Ignorando a sus consejeros, que le piden prudencia diplomática, Ibrahim I declara formalmente la guerra a Venecia no por geopolítica o expansión territorial, sino exigiendo venganza directa por el robo de los melones y el refugio otorgado a los corsarios. Una armada de 416 naves y 60.000 soldados zarpa hacia el Mediterráneo oriental para arrasar la isla.
Lo que comenzó como un capricho frutalesco desata la brutal Guerra de Candía, uno de los conflictos más largos y sangrientos de la historia moderna, que durará 24 años y costará más de 100.000 vidas. Venecia resiste heroicamente el asedio, pero el Imperio Otomano queda financieramente arruinado y el propio sultán es depuesto y estrangulado en su palacio. Todo por un botín de melones robados que jamás llegaron a la mesa imperial.
"El sultán Ibrahim I estaba tan obsesionado con la gordura y los melones que llegó a ordenar a sus cortesanos buscar a la mujer más pesada del imperio para casarse con ella."