Corría el año 1762 y las tensiones entre las coronas de España e Inglaterra ardían en el Caribe. En medio de este conflicto global, un buque de guerra británico zarpó con la misión secreta de saquear el puerto estratégico de Riohacha, en la actual Colombia. Los oficiales británicos creían que lograrían una victoria aplastante aprovechando el factor sorpresa contra las defensas del Imperio Español en América Latina.
Sin embargo, al desembarcar en la playa con las bayonetas caladas, los invasores no encontraron una feroz resistencia armada, sino al mismísimo gobernador español esperándolos en la orilla con un tajo de papeles contables. Lejos de entablar un combate épico, el gobernador les exigió el pago inmediato de una factura pendiente por víveres, cerdos y plátanos que los mismos británicos habían comprado a crédito en su viaje anterior.
La tragi-comedia diplomática escaló tan rápido que los comandantes ingleses, avergonzados y sin fondos para saldar la extravagante cuenta porcina, decidieron ordenar la retirada general. La invasión militar se canceló en pleno campo de batalla debido a un embargo comercial improvisado, convirtiendo la fallida campaña en uno de los episodios burocráticos más insólitos de la historia militar del siglo XVIII.
"Para evitar mayores burlas internacionales, el almirante británico ordenó clasificar el incidente bajo el eufemismo militar de 'operación comercial no autorizada'."