Corría el año 1906 y el Imperio Otomano controlaba vastos territorios donde yacían civilizaciones enteras convertidas en polvo. El arqueólogo alemán Hugo Winckler, obsesionado con hallar los archivos diplomáticos de los reyes bíblicos, emprendió una expedición hacia un remoto páramo en Boğazköy, Anatolia central. Guiado únicamente por rumores locales sobre extrañas piedras grabadas, comenzó a cavar sin imaginar que estaba a punto de desenterrar el corazón administrativo de una superpotencia milenaria tragada por el olvido.
Para su asombro, el azar arqueológico le regaló el archivo real de los hititas en la llamada 'Puerta de los Leones'. Miles de tablillas de arcilla cocida salieron a la luz, revelando tratados de paz internacionales, correspondencia con los faraones de Egipto y complejos códigos legales. Sin embargo, el verdadero terror metodológico llegó cuando los eruditos intentaron leerlas: estaban escritas en una lengua cuneiforme completamente indescifrable que desafiaba cualquier parentesco lingüístico conocido en la historia humana.
El misterio no se resolvió hasta años más tarde, cuando el checo Bedřich Hrozný descifró el código y demostró que se trataba de la lengua indoeuropea escrita más antigua del planeta. Este descubrimiento accidental en pleno dominio otomano obligó a reescribir por completo la historia del Próximo Oriente antiguo, resucitando a un imperio temido que había sido borrado de la memoria colectiva de la humanidad durante más de tres milenios.
"Entre las miles de tablillas halladas en Boğazköy se descubrió el tratado de Kadesh, el acuerdo de paz más antiguo del mundo conservado, cuya réplica exacta cuelga hoy en la sede de la ONU."