Europa Occidental vivía sumida en el misticismo del siglo XVII cuando, en el año 1650, una expedición local en Knaresborough, Yorkshire, decidió explorar los alrededores de la legendaria cueva de Madre Shipton, una famosa profetisa local. Lo que comenzó como un paseo de curiosidad arqueológica y geológica se convirtió en un desconcierto total al encontrar un fenómeno natural que desafiaba la lógica de la época: un manantial cuyas aguas tenían la capacidad de convertir cualquier objeto en piedra sólida.
A medida que inspeccionaban la zona, los expedicionarios quedaron aterrorizados al descubrir ramas, nidos de pájaros e incluso herramientas de hierro dejadas por lugareños que habían sido completamente mineralizados en cuestión de semanas. Las crónicas de la época señalan que el pánico cundió entre los locales, quienes creían que el lugar estaba maldito por la brujería de la difunta profetisa, convirtiendo el agua en un agente demoníaco de fosilización instantánea que petrificaba la materia viva.
Años después, la ciencia demostró que el misterio no era magia negra, sino un altísimo contenido de minerales en el agua que crecía por evaporación rápida. Hoy en día, este sitio es conocido como la atracción turística más antigua de Inglaterra, donde los visitantes siguen colgando ositos de peluche y sombreros para verlos convertidos en piedra pura.
"Incluso hoy en día, los objetos dejados en este pozo del siglo XVII tardan entre tres y cinco meses en quedar completamente cubiertos de una dura capa de piedra."