Corre el año 1541 en las recién reclamadas tierras de la gobernación de Popayán, en la actual Colombia. El capitán español Juan de Ampudia avanza con sus tropas por un terreno escarpado cuando se topa con un profundo río controlado por los indígenas pubenenses. En lugar de negociar un paso pacífico, el capitán exige de forma prepotente suministros de comida y el uso inmediato de un puente de piedra local. Los nativos, cansados de los abusos de los recién llegados, se niegan rotundamente a entregarles ni un solo grano de maíz ni a cederles el paso.
Lejos de retirarse o buscar un vado alternativo, el orgullo militar español entra en ebullición por una afrenta tan menor. Ampudia considera la negativa sobre el puente y los víveres como una afrenta directa a la Corona española y declara el estado de guerra en el acto. Ordena un asalto frontal a una posición fortificada solo para demostrar poderío, menospreciando por completo las defensas del terreno y la furia táctica de los defensores locales, quienes responden con una lluvia implacable de flechas envenenadas y rocas gigantescas desde la altura.
El delirante capricho militar termina en un desastre absoluto para los invasores: el propio capitán Ampudia cae abatido por una flecha certera en medio del caos, y el ejército español huye despavorido dejando atrás armas y dignidad. Esta ridícula batalla por un cruce intransitable costó la vida a decenas de hombres, demostrando que la soberbia y el hambre a veces desatan las guerras más estúpidas de la historia colonial.
"El cronista Pedro Cieza de León dejó por escrito que los soldados españoles preferían pasar hambre antes que perder una discusión sobre quién mandaba en el camino."