Europa del Este vivía en plena paranoia durante el invierno de 1650, cuando un inusual fenómeno biológico sacudió la región de Transilvania. De la noche a la mañana, una horda inexplicable de gatos domésticos abandonó sus hogares para congregarse en los bosques cercanos a los Cárpatos, adoptando un comportamiento salvaje y rabioso que desconcertó por completo a los campesinos locales.
Los informes de la época detallan que estos animales regresaban en manadas nocturnas para aterrorizar las aldeas, atacando el ganado y emitiendo extraños sonidos guturales que los lugareños jamás habían escuchado. La histeria colectiva no tardó en estallar: el clero local y los jueces rurales declararon que los felinos estaban poseídos por demonios enviados por brujas para diezmar las cosechas y envenenar los pozos de agua.
La crisis culminó con un juicio sin precedentes donde decenas de gatos fueron formalmente acusados, juzgados y condenados a la hoguera en la plaza pública. Aunque la ciencia moderna apunta a un brote severo de rabia o envenenamiento por cornezuelo en los roedores locales, el evento quedó grabado como uno de los episodios más oscuros y bizarros de la superstición europea.
"Este es uno de los poquísimos registros históricos donde animales domésticos fueron llevados a juicio formal bajo los mismos cargos legales aplicados a los humanos acusados de brujería."