En el verano de 1755, el célebre aventurero Giacomo Casanova fue arrestado en Venecia por espionaje, blasfemia y posesión de libros mágicos, siendo encerrado en 'Los Plomos', un temible calabozo bajo el tejado de plomo del Palacio Ducal donde el calor era tan infernal que la carne se pudría en días. Considerado el lugar más inexpugnable de Europa, ningún prisionero había logrado escapar jamás de allí.
Tras meses de ingenio y ayudándose únicamente con un perno de hierro encontrado en el suelo, Casanova cavó en secreto un túnel a través del suelo de madera de su celda. El 31 de octubre, justo cuando iba a ser trasladado de celda, emergió al tejado del palacio vestido con una elegante levita y un sombrero de tres picos, arriesgándose a una caída mortal ante la mirada atónita de la guardia inferior.
Con una frialdad absoluta, logró colarse por una ventana del palacio, convenció al conserje de que se había quedado encerrado por error y caminó tranquilamente hacia la libertad por la puerta principal de Venecia, convirtiéndose en una leyenda viva del siglo XVIII antes de huir definitivamente a Francia.
"Para celebrar su libertad, Casanova se comió un enorme festín de ostras y cordero en una posada antes de tomar una góndola hacia la frontera."