A mediados del siglo XVII, la colonia de Nueva Ámsterdam (hoy Manhattan) sufría una crónica escasez de monedas de plata europeas. Para sostener el comercio de pieles de castor, el gobierno holandés adoptó como moneda de curso legal el wampum, tradicionales cuentas tubulares indígenas pulidas a mano. El sistema se basaba en una regla estricta: las cuentas blancas valían la mitad que las púrpuras o negras, llamadas suckauhock, extraídas con enorme esfuerzo de la valva oscura de la almeja quahog. Esta brecha de cotización sembró la tentación perfecta para un grupo de colonos y contrabandistas ingleses de Connecticut, quienes idearon una de las estafas financieras más descaradas del continente.
A partir de 1648, talleres clandestinos comenzaron a producir millones de cuentas apócrifas talladas con piedra caliza vulgar, madera, conchas comunes y huesos de pescado. Para duplicar su valor al instante, los falsificadores sumergían las cuentas en extractos oscuros de bayas y tinturas vegetales, logrando imitar a la perfección el codiciado brillo púrpura. Los estafadores inundaron Manhattan comprando pieles auténticas y herramientas de hierro con este dinero falso. La ilusión duraba apenas unos meses: en cuanto las cuentas entraban en contacto con la humedad o el sudor, la tinta vegetal se desvanecía por completo, dejando al descubierto materiales quebradizos e inservibles que los comerciantes nativos se negaban a recibir.
El pánico financiero estalló en 1650, cuando el mercado de Manhattan quedó abarrotado de toneladas de wampum podrido y la economía colonial se desplomó más de un cincuenta por ciento. Furioso ante la insolvencia generalizada, el gobernador Peter Stuyvesant emitió una ordenanza de emergencia el 30 de mayo de ese año: declaró ilegales las cuentas falsificadas de piedra y hueso, desmonetizó el wampum suelto y obligó a ensartar las cuentas legítimas bajo la inspección de oficiales coloniales para evitar una inminente guerra comercial con los mohawk.
"Para frenar la falsificación masiva de conchas, la Universidad de Harvard aceptó durante años el pago de matrículas universitarias en wampum auténtico e inspeccionado a mano."