A comienzos de 1987, en plena Guerra Fría, el dictador libio Muammar el Gadafi decidió consolidar la anexión del norte de Chad enviando una fuerza colosal: miles de soldados de élite, cazas supersónicos y una moderna división equipada con más de un centenar de tanques soviéticos T-55 y transportes blindados. Al otro lado de la frontera, el ejército de Chad carecía por completo de blindados, aviación o presupuesto para artillería pesada. Desesperado, el comandante chadiano Hassan Djamous diseñó una táctica insólita: compró cuatrocientas camionetas civiles Toyota Hilux y Land Cruiser en concesionarios comerciales, instaló misiles antitanque franceses MILAN en el platón de carga y lanzó a sus tropas al desierto a toda velocidad.
El 2 de enero de 1987, en las cercanías del oasis de Fada, las dos fuerzas colisionaron en lo que los asesores soviéticos anticipaban como una masacre unilateral. Sin embargo, las tropas libias quedaron paralizadas cuando las camionetas japonesas aparecieron rugiendo entre las dunas a casi cien kilómetros por hora. Las pesadas torretas de los tanques T-55 eran demasiado lentas para seguir a vehículos tan ágiles que zigzagueaban levantando densas cortinas de arena. Los chadianos combinaron tácticas de caballería nómada con tecnología moderna: flanqueaban a los tanques a quemarropa, impactaban sus vulnerables motores traseros y se replegaban antes de que el enemigo pudiera calibrar sus cañones.
El choque terminó en una catástrofe militar sin precedentes que humilló a Trípoli y dejó perplejos a los analistas del Pentágono. En pocas horas, Chad aniquiló la posición libia destruyendo o capturando 92 tanques T-55 y 33 blindados pesados, sufriendo apenas dieciocho bajas y la pérdida de solo tres camionetas. Semanas después repitieron la hazaña en la base de Wadi Doum, donde atravesaron campos de minas sin activarlas gracias al escaso peso y velocidad de sus vehículos. Este enfrentamiento bautizó oficialmente el conflicto como la 'Guerra de los Toyota', demostrando cómo una flotilla de vehículos comerciales derribó a una de las fuerzas blindadas mejor financiadas del bloque soviético.
"Tras la batalla, oficiales franceses y estadounidenses viajaron a Chad únicamente para inspeccionar cómo camionetas de reparto de cuatro cilindros habían despedazado la doctrina militar acorazada soviética."