A principios del siglo XX, en las profundidades del África Oriental Alemana, la tensión colonial a menudo derivaba en situaciones de una burocracia militar delirante. En octubre de 1914, el teniente coronel Paul von Lettow-Vorbeck, famoso por su astucia en la guerrilla, se encontraba en una remota posición de la selva intentando mantener la moral de sus tropas ante el avance británico. Sin embargo, el enemigo más implacable de una madrugada específica no fue la infantería enemiga, sino un diminuto y desafiante roedor acorazado que se atrevió a irrumpir en el campamento principal.
El animal en cuestión era un enorme puercoespín africano que decidió instalarse justo debajo de la tienda de campaña del oficial superior, emitiendo gruñidos y negándose a ceder el paso. Tomándose la afrenta como un desafío personal a la disciplina prusiana, el comandante ordenó un despliegue táctico inmediato. Se movilizó a una sección entera de soldados armados con rifles reglamentarios y, ante la resistencia del roedor, se ordenó incluso el uso de una pequeña carga de demolición y fuego de apoyo artillero ligero para despejar el perímetro.
Tras varios minutos de intenso tiroteo selvático y una confusión generalizada entre la tropa que temía una ofensiva británica sorpresa, el puercoespín fue abatido con éxito. El surrealista episodio quedó registrado para la posteridad en los diarios de campaña del propio estado mayor alemán, convirtiéndose en una leyenda de cuartel sobre la batalla más desproporcionada de toda la campaña africana de la Gran Guerra.
"A pesar de perder la vida, el puercoespín fue posteriormente cocinado y servido como un inusual banquete nocturno para el propio comandante y sus oficiales."