La noche del 24 de diciembre de 1650, mientras los carceleros del Santo Oficio en la Ciudad de México celebraban la vigilia navideña, el irlandés Guillén de Lampart puso en marcha un plan demencial. Llevaba ocho años encerrado en una celda subterránea acusado de conspirar para independizar Nueva España y proclamarse rey. Utilizando un trozo de hierro que arrancó en secreto de su propio camastro y cuerdas fabricadas deshilachando sábanas, abrió sus pesados grilletes, forzó dos candados de alta seguridad y se deslizó sigilosamente por los techos del tribunal de la Inquisición hacia la calle desierta.
Cualquier fugitivo racional habría galopado de inmediato hacia Veracruz para abordar un navío clandestino, pero Lampart no era un hombre común. Convencido de su misión mesiánica, se quedó en el corazón de la capital virreinal durante las horas más oscuras de la madrugada. Armado con pluma, tinta y una audacia suicida, redactó furiosas proclamas donde acusaba a los inquisidores de tiranos, herejes y extorsionadores. Luego, con total sangre fría, clavó sus manifiestos rebeldes en la mismísima puerta de la Catedral Metropolitana y en los portales del palacio virreinal para que toda la urbe los leyera con la primera misa.
Al salir el sol, el pánico sacudió a las autoridades coloniales: la mayor prisión del continente había sido vulnerada y las denuncias del reo colgaban a la vista pública. La cacería humana movilizó a cientos de soldados y espías por todo el valle; Lampart fue capturado pocos días después mientras dormía escondido tras un altar en una iglesia de San Lorenzo. Aunque pagó su desafío en la hoguera durante el Gran Auto de Fe de 1659, su escape perfecto y su insólita proclama quedaron grabados para siempre en los expedientes más humillantes de la corona española.
Su historia inspiró en el siglo XIX el mito original de El Zorro, convirtiendo a un convicto real en leyenda.
"Para no morir asfixiado por el humo en la hoguera de 1659, se arrojó con tal violencia contra el poste de madera que se fracturó el cuello con sus propias cadenas antes de que el fuego lo alcanzara."