A finales del siglo XIX, la fiebre del oro y la plata en el salvaje oeste estadounidense atrajo a miles de mineros rudos cuyas pobladas barbas llevaban semanas sin ver el agua o un peine. Ante las constantes quejas sobre la total falta de higiene en los romances locales, la ciudad de Eureka, Nevada, aprobó en 1866 una ordenanza municipal tan insólita como draconiana que prohibía terminantemente a los hombres barbudos besar a cualquier mujer en público bajo la amenaza de multas severas y el repudio social.
La norma desató un auténtico caos legal y burlas generalizadas en todo el territorio norteamericano, convirtiéndose en el hazmerreír de la prensa de la costa este. Los ciudadanos comenzaron a portar pequeños peines de bolsillo obligatorios y se organizaron 'tribunales de la barba' improvisados en las cantinas locales, donde comités improvisados juzgaban la decencia y la suavidad del vello facial antes de cualquier cortejo romántico oficial.
Aunque la ley fue diseñada puramente como una medida de salud pública para frenar infecciones cutáneas en tiempos de epidemias locales, terminó siendo derogada décadas después al volverse completamente imposible de fiscalizar. Este juicio social permanente transformó por completo las costumbres estéticas de la frontera, obligando a los rudos pioneros a adoptar por primera vez rigurosos hábitos de aseo personal si querían tener alguna oportunidad en el amor.
"Para evitar la multa, muchos mineros optaron por afeitarse la mitad del bigote, creando una moda ridícula conocida como el 'corte de protesta de Eureka'."