Europa Occidental vivía obsesionada con los fluidos corporales en pleno siglo XVII, pero nadie llegó tan lejos como el médico francés Jean-Baptiste Denis. Convencido de que la sangre animal poseía virtudes purificadoras, decidió experimentar con Arthur Morin, un mozo de cuadra que sufría de fiebres y desvaríos mentales. Para calmar su temperamento supuestamente bestial, Denis no dudó en abrirle una vena y conectarla directamente con la arteria carótida de un perro lanudo.
El primer intento sorprendió a todos los espectadores en París: el paciente sobrevivió al shock inicial y pareció calmarse. Sin embargo, en el tercer intento con sangre canina, el cuerpo de Morin entró en una violenta reacción alérgica masiva. Su orina se volvió negra como el carbón, comenzó a vomitar con fuerza y su brazo se inflamó dolorosamente, mientras el médico registraba el bizarro proceso como un simple 'rechazo temporal de humores'.
La tragedia se consumó cuando Morin apareció muerto poco después, lo que desató un escándalo judicial sin precedentes en la Europa de la época. La viuda acusó a Denis de asesinato y el Parlamento de París prohibió formalmente cualquier futura transfusión de sangre, un veto médico que retrasó la hematología moderna durante más de un siglo y convirtió la medicina experimental en un crimen punible.
"Para el juicio, la esposa del paciente fue acusada de haber envenenado a su marido con arsénico para culpar al médico y encubrir el desastre científico."