En la primavera de 1741, la mayor armada naval que jamás había cruzado el Atlántico asomó frente a las costas de Cartagena de Indias. Al mando de 186 navíos de guerra y cerca de 27.000 soldados, el almirante británico Edward Vernon tenía la misión de desmembrar el imperio español en América. Enfrente solo tenía a unos 3.000 defensores liderados por Blas de Lezo, un veterano apodado el Mediohombre por haber perdido un ojo, una pierna y un brazo en combates previos. Tras quebrar las primeras defensas exteriores de la bahía, la soberbia devoró a Vernon: despachó una fragata correo a Londres jurando que la plaza ya era suya mucho antes de lanzar el asalto definitivo.
En Gran Bretaña la noticia desató un delirio patriótico sin precedentes. La realeza ordenó repiques de campanas y los talleres numismáticos se apresuraron a acuñar miles de medallas de bronce y plata. En su relieve, grabaron la figura de Blas de Lezo arrodillado entregando su espada junto a la leyenda «El orgullo español humillado por el almirante Vernon». Pero en el lodo del Caribe la pesadilla apenas comenzaba: Lezo ordenó cavar fosos de última hora frente al castillo de San Felipe, provocando que las escalas de asalto británicas quedaran inservibles por ser demasiado cortas mientras una lluvia de metralla y la fiebre amarilla diezmaban a los invasores.
La masacre fue tan brutal y el colapso logístico tan absoluto que Vernon debió incendiar decenas de sus propios barcos al no tener marineros sanos para tripularlos de regreso. Cuando la armada regresó diezmada tras perder a más de diez mil hombres en el asedio, el bochorno sacudió a todo el imperio. Desesperado por tapar el ridículo militar, el rey Jorge II impuso una orden de silencio que prohibía bajo pena severa escribir sobre la catástrofe, dejando a miles de ciudadanos con medallas en los bolsillos que conmemoraban un triunfo que jamás existió.
"Las medallas conmemorativas de la falsa victoria eran tantas que aún hoy circulan con facilidad en subastas, sobreviviendo como el monumento físico al ridículo bélico más costoso del siglo XVIII."