En el verano de 1883, el comerciante de antigüedades Moses Wilhelm Shapira llegó a Londres procedente de la Jerusalén otomana con un botín que prometía reescribir la historia sagrada. Llevaba quince tiras de cuero ennegrecido que, según él, unos beduinos habían hallado en una cueva cerca del Mar Muerto. Se trataba, aseguraba, del manuscrito original más antiguo del Deuteronomio, con un texto bíblico radicalmente distinto que incluía un insólito undécimo mandamiento. Deslumbrado por el supuesto hallazgo del siglo, el Museo Británico exhibió los fragmentos mientras Shapira fijaba su exigencia: la astronómica cifra de un millón de libras esterlinas, el mayor rescate arqueológico jamás pedido.
Miles de personas, incluidos primeros ministros y arzobispos, hicieron fila en el museo para contemplar lo que creían la caligrafía de la época de Moisés. Sin embargo, el arqueólogo francés Charles Simon Clermont-Ganneau sospechó de inmediato del aspecto de los pliegues. Al inspeccionar las piezas a escondidas de los guardias, descubrió la astuta trampa: Shapira no había fabricado el cuero, sino que lo había mutilado. El comerciante había comprado rollos auténticos de la Torá del siglo XVII en Yemen, había recortado los bordes inferiores en blanco donde el material era genuinamente antiguo, y luego trazó los caracteres arcaicos con una tinta casera a base de hollín y grasa para engañar a los químicos.
El 21 de agosto de 1883, los periódicos revelaron al mundo que la reliquia más valiosa del cristianismo era un montaje tallado en un sótano de Jerusalén. El escándalo aplastó a Shapira al instante. Acosado por las deudas y el escarnio internacional, el anticuario huyó de Londres sin despedirse de nadie y, seis meses después, se quitó la vida de un disparo en un hotel de Róterdam. Las tiras del fraude fueron subastadas por una miseria y desaparecieron poco después en un incendio, dejando para siempre el enigma de cómo un solo hombre puso de rodillas a la élite científica del Imperio británico.
"Sesenta años después del suicidio de Shapira, los pastores beduinos descubrieron en esa misma región los auténticos Manuscritos del Mar Muerto, siguiendo un relato casi idéntico al que el estafador había inventado como coartada."