En marzo de 1770, la corte imperial de Gondar, en Abisinia (actual Etiopía), sucumbía ante un brote fulminante de viruela. La emperatriz Mentewab vio cómo sus nietos reales ardían en fiebre y recurrió aterrada a James Bruce, un gigante escocés de casi dos metros que fingía ser médico para no ser asesinado durante su expedición. La tradición local ordenaba un tratamiento fatal: recluir a los enfermos en cuartos tapiados, prender carbón y sofocarlos bajo mantas hasta que el sudor expulsara al demonio. Bruce comprendió el peligro exacto de su farsa: si los herederos al trono morían bajo sus manos, sería ejecutado por brujería en el acto.
Sin fármacos europeos en su equipaje, Bruce ideó un experimento improvisado y brutal. Expulsó a los sacerdotes a golpes y destrozó las celosías para que el viento gélido de la montaña entrara de golpe. Desnudó a los príncipes, cubiertos de llagas purulentas, y desató un choque térmico extremo al vaciarles encima baldes enteros de agua de pozo congelada. Acto seguido, les frotó las heridas abiertas con vinagre puro y, para purgar el aire fétido, esparció pólvora y azufre sobre el piso de piedra para detonar llamaradas cegadoras que llenaron la cámara de un humo sofocante ante los gritos de la corte.
El demencial tratamiento desafiaba todos los dogmas de la época, pero salvó a los pacientes. La inmersión helada detuvo las convulsiones por hipertermia, el vinagre actuó como un potente antiséptico contra infecciones secundarias y el humo sulfuroso exterminó a las moscas transmisoras que saturaban el palacio. Los príncipes sanaron en cuestión de semanas sin secuelas desfigurantes en el rostro. Lejos de ser decapitado, el improvisado cirujano fue nombrado comandante de la guardia real y gobernador de Ras el-Fil por una emperatriz convencida de haber presenciado un milagro divino.
Cuando James Bruce volvió a Gran Bretaña y relató cómo curó a la realeza africana detonando pólvora dentro de sus dormitorios, la comunidad científica de Londres lo tachó públicamente de farsante y mitómano.
"Cuando James Bruce volvió a Gran Bretaña y relató cómo curó a la realeza africana detonando pólvora dentro de sus dormitorios, la comunidad científica de Londres lo tachó públicamente de farsante durante décadas."