Corría el año 1959 cuando Lino Shearer, un estudiante de la Universidad de Brown en EE. UU., decidió que estaba cansado de pagar impuestos y de la burocracia estatal. Aprovechando un vacío legal y una isla de fango ficticia que dibujó en un mapa, declaró la independencia del Reino de Tahití Nui en pleno territorio norteamericano, autoproclamándose soberano absoluto y exigiendo inmunidad diplomática frente al fisco.
Para validar su estafa financiera, Shearer comenzó a acuñar su propia moneda y a emitir pasaportes reales que vendía a turistas despistados y rebeldes fiscales. Lo más alucinante es que el sistema bancario y algunas agencias gubernamentales cayeron en la trampa durante meses, aceptando sus documentos y títulos nobiliarios falsos mientras él operaba un negocio multimillonario de evasión fiscal a plena luz del día.
El castillo de naipes se derrumbó cuando el falso rey intentó abrir una embajada ilegal en un edificio residencial de Rhode Island y las autoridades federales investigaron sus credenciales reales. Shearer fue arrestado y condenado por fraude postal y usurpación de soberanía, convirtiéndose en el protagonista de uno de los golpes financieros más bizarros de la historia de la Guerra Fría.
"Tras cumplir su condena, Lino Shearer intentó fundar otra micronación soberana en una plataforma petrolera abandonada en alta mar."