Corre el año 1622 y el Imperio Portugués en África está obsesionado con un mito: las legendarias minas de oro del reino de Monomotapa, en el actual Zimbabue. Para dar con el botín, la Corona financia una expedición secreta dirigida por el capitán Manuel Alves, un hombre ambicioso que recluta a decenas de soldados y porteadores nativos convencido de que volverá multimillonario. Lo que debía ser un viaje de conquista comercial se transforma rápidamente en una pesadilla tropical de fiebres implacables, traiciones internas y un terreno completamente hostil que desafía toda lógica europea.
A medida que se adentran en la selva, la expedición sufre deserciones masivas y ataques sorpresa de las tribus locales makalanga, que defienden sus tierras sagradas con una ferocidad brutal. Lejos de encontrar las montañas doradas prometidas en los mapas de Lisboa, los supervivientes se cruzan con campamentos abandonados y signos de rituales macabros. Manuel Alves pierde la razón en medio de la nada, obsesionado con avanzar mientras sus propios hombres enferman de disentería y mueren sin recibir cristiana sepultura en un entorno que parece devorarlos vivos.
El expediente oficial archivado en Portugal revela que la expedición terminó en un desastre absoluto: solo un puñado de hombres hambrientos y delirantes logró regresar a la costa mozambiqueña años después, con las manos totalmente vacías y sin rastro del oro. El fracaso de Alves frenó permanentemente la expansión colonial portuguesa hacia el interior del continente africano durante más de un siglo, convirtiendo el mito de Monomotapa en una leyenda maldita.
"Para pagar las deudas de esta desastrosa expedición, la Corona portuguesa terminó expropiando propiedades personales a la familia de Manuel Alves en Goa."