En la Rusia de 1869, un fraude monumental colapsó el sistema tributario del zar Alejandro II. Las autoridades de la provincia de Tambov sospechaban del comerciante Maksim Plotitsyn, un millonario devoto que acumulaba una fortuna colosal prestando dinero a tasas imposibles a campesinos y burócratas. Sin embargo, cuando la policía allanó sus bodegas en la ciudad de Morshansk, no encontraron contrabando ni documentos falsos, sino decenas de frascos de vidrio con órganos genitales masculinos en alcohol y pagarés bancarios firmados con sangre por miembros de la corte.
El descubrimiento destapó el mayor proceso penal del siglo XIX en Europa del Este contra los skoptsy, una secta herética clandestina que practicaba la castración radical. Para burlar los estrictos censos imperiales y el reclutamiento militar obligatorio —donde solo los varones fértiles y aptos pagaban ciertos gravámenes comunales—, Plotitsyn condicionaba sus préstamos millonarios a la amputación forzosa de los deudores. Quien aceptaba el llamado «bautismo de fuego» no solo quedaba libre del servicio militar zarista, sino que transfería todas sus tierras y herencias a la tesorería de la secta.
El juicio de Morshansk conmocionó al Imperio cuando el fiscal general Aleksandr Lokhvitsky presentó los frascos en el tribunal como pruebas de conspiración económica contra el Estado. El gobierno descubrió que oficiales del ejército, sacerdotes y banqueros de San Petersburgo habían alterado registros civiles para no pagar impuestos sucesorios. El veredicto culminó con la condena de cientos de implicados, la confiscación de más de 30 millones de rublos y el destierro masivo de la élite de eunucos a Siberia, cambiando para siempre las leyes de registro médico y control civil en toda Rusia.
Entre las pertenencias incautadas a Plotitsyn, la policía encontró planchas de hierro ardiente y tijeras de plata ceremoniales con las que se habían mutilado a más de 500 hombres para manipular el censo.
"Los eunucos desterrados a Yakutsk terminaron controlando el monopolio del comercio de pieles y cereales en Siberia gracias a las fortunas ocultas que el zar jamás logró rastrear."