HISTORIAS DOCUMENTADAS LECTURA: ~1 MIN
📁 Siglo XVII 📍 Europa Occidental
DOC #1019-0900

El insólito robo de la Corona que terminó con una pensión real

En 1671, un falso clérigo entró a la Torre de Londres, apuñaló al anciano guardián y aplastó la Corona Imperial a martillazos para esconderla en sus pantalones. Pero lo más aterrador no fue el atraco...

La mañana del 9 de mayo de 1671, un hombre disfrazado de devoto clérigo cruzó los puentes levadizos de la Torre de Londres. Se hacía llamar 'Doctor Buratt', pero su verdadera identidad era Thomas Blood, un mercenario irlandés con un plan tan absurdo como suicida: saquear las reliquias más sagradas de Inglaterra. Durante semanas, Blood se había ganado la confianza de Talbot Edwards, el anciano guardián de las joyas de 77 años, a quien prometió casar a su supuesto sobrino con la hija del vigilante. Aquel día, alegando una visita privada para mostrar el tesoro a unos amigos, Blood y tres cómplices lograron que el anciano abriera la reja del sótano acorazado donde descansaban los símbolos de la monarquía británica.

Apenas se cerró la verja tras ellos, arrojaron una capa sobre la cabeza del anciano, le colocaron una mordaza de madera y, al resistirse el veterano, lo golpearon con un mazo de hierro y lo apuñalaron en el vientre. Sin perder un segundo, Blood tomó la pesadísima Corona de San Eduardo de oro macizo y comenzó a golpearla furiosamente con un martillo para aplastarla y ocultarla bajo su sotana clerical. Uno de sus compinches intentó partir en dos el gran cetro real con una lima para meterlo en una bolsa de tela, mientras el tercero se guardaba el orbe imperial en los calzones. Sin embargo, el hijo del guardián regresó de sorpresa del servicio militar en Flandes en ese instante exacto, dando la alarma a gritos por toda la fortaleza.

Blood y su banda huyeron a la carrera hacia sus caballos mientras disparaban a los guardias, pero fueron cercados y derribados en el muelle del Támesis con la corona todavía aplastada entre las ropas. Todo Londres exigía que el traidor fuera colgado, destripado y descuartizado por alta traición, pero Blood se negó a confesar ante nadie que no fuera el mismísimo monarca. En un giro que dejó perpleja a toda Europa, el rey Carlos II quedó tan fascinado por la audacia del ladrón que no solo le concedió el perdón absoluto, sino que le otorgó una pensión vitalicia de 500 libras al año y una finca en Irlanda, convirtiendo al criminal más buscado del reino en su protegido personal.

📜 Fuente / Archivo: Calendar of State Papers Domestic: Charles II (1671), The National Archives, Kew.
❖ EVIDENCIA CLAVE ❖
Dato Oculto de la Investigación

"Para colmo de la humillación histórica, el anciano guardián que casi muere defendiendo la corona jamás recibió su pensión prometida a tiempo y murió en la miseria."

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