A principios de 1913, el mundo entero seguía conmocionado por la misteriosa desaparición de la obra maestra de Leonardo da Vinci del Museo del Louvre en París. Lo que la prensa ignoraba es que el cuadro más codiciado del planeta había cruzado el Atlántico oculto en un doble fondo de madera, directo a un modesto hotel en el Bajo Manhattan, Nueva York.
El cerebro detrás del plan era Vincenzo Peruggia, un exempleado del Louvre que intentaba vender la pintura a coleccionistas estadounidenses por una fortuna. Para cerrar el trato, Peruggia contactó al marchante de arte local Alfred G. Bodduer, quien, al examinar el lienzo y comprobar las grietas originales, llamó discretamente a las autoridades para exponer la estafa internacional.
La trampa se cerró de inmediato, pero en lugar de un operativo cinematográfico, la recuperación fue un trámite burocrático: el estafador fue arrestado sin resistencia en su habitación y el gobierno italiano recuperó su tesoro nacional de inmediato. Curiosamente, tras ser expuesta brevemente en EE. UU., la obra regresó a Europa convertida en un fenómeno de masas absoluto.
"Antes del robo en 1911, la Mona Lisa era una pintura respetada pero poco conocida por el público general; fue su misteriosa desaparición la que la convirtió en el icono pop más famoso de la historia."