A finales del siglo XVI, el sultán marroquí Ahmad al-Mansur ideó un plan militar tan megalómano como descabellado: cruzar el desierto más hostil del planeta con miles de soldados, caballos y cañones desmontados. Su objetivo absurdo era adueño de las minas de sal y oro de África Occidental, desafiando a un imperio infinitamente superior en número en la región, el Imperio Songhay.
La expedición, dirigida por el mercenario español renegado Yuder Pachá, fue un milagro logístico de la estupidez. Tras sufrir terribles pérdidas por la sed y el calor, los supervivientes llegaron a la legendaria zona del Níger. Lo más alucinante ocurrió en la decisiva Batalla de Tondibi: los songhay lanzaron una carga masiva con mil bueyes enloquecidos para romper las líneas enemigas, esperando que el polvo y el caos aplastaran a los invasores.
Sin embargo, el plan defensivo se desmoronó cuando el ruido de los tambores hizo que los propios bueyes se asustaran, dieran media vuelta y pisotearan a su propio ejército. Aprovechando el desconcierto, los arcabuces marroquíes masacraron a los locales sin piedad, conquistando Tombuctú y Gao para un imperio que ni siquiera sabía cómo retener aquellas lejanas tierras.
"A pesar de la brillante victoria inicial, los soldados marroquíes quedaron tan aislados en el corazón de África que terminaron asimilándose con la población local, olvidando por completo al Sultán que los había enviado."