En el año 113 a.C., el emperador Wu de la dinastía Han vivía obsesionado con encontrar el elixir de la inmortalidad. Aprovechando esa desesperación, un adivino de baja cuna llamado Luan Da se presentó en la corte imperial de Chang'an asegurando poseer la llave para hablar con los dioses de la montaña sagrada. Para probar su poder sobrenatural ante los cortesanos escépticos, colocó varias piezas de un juego de mesa de piedra en el suelo y, sin tocarlas con las manos, hizo que las fichas se persiguieran y chocaran entre sí como si tuvieran vida propia.
El truco, ejecutado mediante piezas talladas en magnetita y limaduras de hierro secretas, deslumbró al monarca. Creyendo que estaba ante un semidiós, el emperador lo nombró marqués, le otorgó seis sellos de oro imperial y le entregó en matrimonio a su hija predilecta, la princesa Weizhang, junto a una dote de miles de siervos y toneladas de bronce. En cuestión de meses, un estafador itinerante se había convertido en el hombre más rico y poderoso de Asia Oriental gracias a un truco de física básica.
Sin embargo, la codicia del charlatán aceleró su caída cuando el emperador le exigió zarpar hacia la mítica isla de Penglai para traer a los inmortales. Aterrado por el mar, Luan Da fingió una expedición mística pero se escondió en el monte Tai para realizar sacrificios clandestinos mientras enviaba reportes ficticios. Descubierto por los espías del trono que rastreaban sus pasos, el falso mago fue arrastrado encadenado de vuelta a la capital, donde el emperador ordenó partir su cuerpo en dos mitades por la cintura con una cuchilla gigante.
"Para intentar salvar su honor tras el fiasco, el emperador Wu ejecutó también al funcionario que le había presentado al charlatán bajo el cargo de 'engañar a la divinidad imperial'."